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Botellas y Barricas

Las clasificaciones en la crianza de los vinos

Existen diferentes clasificaciones para la crianza de los vinos según las Denominaciones de Origen. En el mercado podemos encontrar una amplia variedad de vinos para todos los gustos y para toda ocasión. Entre ellos tenemos:

Los vinos jóvenes, que no tienen ningún tipo de envejecimiento. Una vez terminado su proceso de elaboración, se embotellan. Se pueden hallar vinos de esta categoría con un paso leve por madera entre 3 y 6 meses sin sobrepasar el tiempo de envejecimiento como un vino crianza. Todo depende de la bodega y el país de origen. A estos vinos no se les debe menospreciar, ya que son vinos con características mucho mas frutales, florales y reflejan las virtudes autenticas de la cepa.

Los vinos de crianza son vinos que, en algunas Denominaciones de Origen, se les exige a los vinos tintos, 24 meses de envejecimiento, con un mínimo de seis meses en barrica. En otras regiones, el envejecimiento es de 12 meses. Por otro lado, Los vinos rosados y blancos, tienen un envejecimiento mínimo es de 6 meses en barrica. Se comercializan al segundo año después de elaborados. Es importante resaltar que los vinos blancos no necesitan mucho tiempo en madera, ya que por su estilo deben mantener su frescura y ligereza, que son cualidades que también los caracteriza.

Los vinos Reserva, tienen 36 meses de envejecimiento, de los cuales, 24 meses están en bodega y por lo menos deben haber pasado 12 meses en barrica. Estos vinos salen al mercado al cuarto año después de su elaboración. Los vinos blancos y rosados, permanecen en la bodega 18 meses, su paso por madera también es de 6 meses y se comercializan al tercer año de su producción.

Los vinos Gran Reserva, son muy especiales, porque pasan 5 años (60 meses) en bodega, con un mínimo de 24 meses en barrica de madera y posteriormente 36 meses en botella. Las mejores cosechas son las que llegan hasta esta categoría. Se comercializan al quinto o sexto año, después de haber pasado por todo este proceso. Los vinos blancos y rosados se mantienen en la bodega unos 4 años aproximadamente y 6 meses como mínimo en barricas de madera y al igual que los tintos, su comercialización es al quinto o sexto año, dependiendo de la bodega. Se debe tener en cuenta que un vino no siempre mejora con el paso de los años. Cada vino envejece y evoluciona de acuerdo a su conservación y a otros factores como: tipo de uva, elaboración y finalmente la crianza, tanto en barrica como en botella, ya que en ausencia del oxigeno los aromas primarios y secundarios, por un proceso de reducción, se transforman en terciarios, obteniendo lo que se denomina “bouquet” (mezcla de aromas que nos harán recordar el cuero, chocolate, humo, tabaco, vainilla, flores, especias, madera), aportándole de esta forma, complejidad y redondez a los vinos a medida que pasa el tiempo.

La crianza de los vinos

Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer“. (Francis Bacon).

El arte del envejecimiento del vino es un proceso que requiere tiempo, cuidado y paciencia, ya que el vino a su paso por la madera o la botella, adquiere características especiales en aromas y sabores que definen sus cualidades e identidad.

Existen dos etapas en la crianza en un vino. La primera, es en barricas de madera de roble, ya sea Francés o Americano, aunque algunas bodegas utilizan otras maderas como el castaño.

 El roble es una madera resistente, flexible a los cambios de temperatura permitiendo que las duelas (listones de madera) tomen la forma curva sin romperse. Otra de sus cualidades es que posee un aroma neutral y alto contenido en taninos, lo que le aportará al vino notas sutiles de madera y estructura.

La diferencia entre el roble francés y americano, es que el roble francés tiene mucho más contenido en taninos y su aroma es más tenue que el roble americano. Por otro lado el roble americano es más agresivo en boca, con notas mucho mas especiadas a vainilla y coco. Por esta razón, los enólogos dependiendo del tipo de uva utilizan las cualidades del roble francés o americano para equilibrar aromas y sabores.

Es importante mencionar que, en este proceso de guarda en madera, el vino tiene una microoxigenación lenta, homogénea, es decir que se oxida, como también se evapora un poco el contenido líquido (merma), concentrando así las características organolépticas.

La segunda etapa de la crianza de los vinos es en la botella. En este proceso el vino no tiene contacto con el oxigeno. Las botellas deben ser almacenadas de manera que el corcho absorba la humedad y se humedezca, evitando así el contacto con el oxigeno.

La crianza en botella puede durar muchos años. Es preciso que en esta etapa, el almacenamiento se realice en lugares oscuros y aislados, preferiblemente subterráneos, para evitar cambios bruscos en la temperatura, humedad excesiva, olores y vibraciones que puedan afectar la composición química del vino. El resultado de este proceso es la complejidad y la elegancia que nos ofrecerá el producto final.

Los vinos de acuerdo con la normatividad de cada país productor y las denominaciones de origen se clasifican en: Vinos Jóvenes, de crianza, Reserva y Gran Reserva.