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La conservación de los vinos

Para que un vino pueda durar un poco más o no precipitar su decadencia, se debe conservar en lugares oscuros, sin humedad, sin vibraciones ni ruidos, buen flujo de aire. Los vinos son muy sensibles a cualquier cambio de temperatura y exposición a la luz.

Hoy en día existen neveras, que conservan las temperaturas adecuadas de cada tipo de vino, las cuales tienen programadores digitales de temperaturas. Las neveras son una buena opción para que el vino tenga una temperatura adecuada al momento de su consumo y servicio.

Por otro lado, si no se tiene una nevera de vinos, podemos conservarlos, en nuestra nevera de la casa, tratando de evitar que el vino absorba olores y sabores de otros alimentos. Esto puede generar una experiencia desagradable.

Cuando se abre una botella, lo ideal es consumir el vino lo más pronto posible, ya que cualquier bebida en contacto con el oxigeno, se oxida, y pierde sus características aromáticas y gustativas. Si no es posible, es recomendable consumirlo en las 48 horas siguientes, por lo dicho anteriormente. Si un vino se conserva en óptimas condiciones, muy probablemente,  su vida se alargará más, ya que la tendencia de muchos vinos actualmente es que se consuman antes de los 2 años de haber sido sacados al mercado.

Copa de Vino con Termometro

Las temperaturas de los vinos

En el mundo de los vinos, cada vino tiene una temperatura “ideal” para expresar sus características y bondades. A veces nos encontramos con un excelente vino, pero si al momento del servicio no tiene la temperatura adecuada, se podrían modificar su percepción organoléptica en aromas y sabores.

Debemos tener en cuenta y no olvidarnos de las copas; así como el vino debe estar a una temperatura adecuada, las copas también. No nos ganamos nada si las copas no están a la misma temperatura del vino.

La regla general sencilla, es que los vinos blancos, rosados y espumantes se sirven fríos y los vinos tintos a temperatura ambiente, claro está que no en todos los lugares del mundo la temperatura ambiente es la adecuada para los vinos tintos.

El servicio de un vino con exceso de temperatura, potencializa el alcohol, los aromas se evaporan más rápido, se volatilizan y el contenido de azúcar se intensifica. Por otro lado, si se sirve un vino a menor temperatura de servicio, los aromas y gustos no se perciben con facilidad, los taninos van a ser mucho más marcados y nos encontraremos con una sensación de astringencia al paladar.

¿Cuál es la temperatura ideal?

Los vinos blancos, como se mencionó anteriormente, se sirven fríos y los vinos tintos se sirven a una temperatura un poco más alta.

Recomiendo vinos blancos jóvenes de 7º a 10ºC, de guarda de 10º a 12ºC, cosechas tardías de 8º a 12ºC.

Vinos rosados de 10º a 12ºC. Espumantes de 6º a 8ºC (dependiendo del contenido de azúcar). Los vinos tintos jóvenes de 16º a 18ºC, vinos tintos de guarda de 16º a 20ºC y vinos fortificados (como el Oporto, Marsala, Jerez) de 18º a 20ºC.

Dependiendo de la temperatura ambiente, si tenemos un vino blanco, rosado o espumante “al clima”, la forma más fácil y rápida de enfriarlo es colocarlo en una hielera con agua y dejarlo de 15 a 20 minutos aproximadamente o colocarlo en la nevera 2 horas para que alcance una temperatura de 8ºC.

No es recomendable enfriarlo en el congelador, ya que esto genera un choque térmico y puede afectar el vino. Si es un vino tinto, la temperatura de servicio dependerá de cómo lo hemos conservado, es decir; un vino tinto debe de estar en un lugar fresco, oscuro y seco a una temperatura de 16º a 18ºC aproximadamente.

No todos los lugares en el mundo tienen esta temperatura ambiente, ni poca humedad. Entontes, teniendo en cuenta este factor, se recomienda en los lugares calurosos y húmedos, servir un vino tinto a una temperatura inferior (2ºC menos de la temperatura ideal) para que cuando esté en la mesa vaya tomando la temperatura adecuada. Una temperatura adecuada logrará que un vino nos brinde una óptima experiencia y un mejor deleite al paladar.