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Botellas y Barricas

Las clasificaciones en la crianza de los vinos

Existen diferentes clasificaciones para la crianza de los vinos según las Denominaciones de Origen. En el mercado podemos encontrar una amplia variedad de vinos para todos los gustos y para toda ocasión. Entre ellos tenemos:

Los vinos jóvenes, que no tienen ningún tipo de envejecimiento. Una vez terminado su proceso de elaboración, se embotellan. Se pueden hallar vinos de esta categoría con un paso leve por madera entre 3 y 6 meses sin sobrepasar el tiempo de envejecimiento como un vino crianza. Todo depende de la bodega y el país de origen. A estos vinos no se les debe menospreciar, ya que son vinos con características mucho mas frutales, florales y reflejan las virtudes autenticas de la cepa.

Los vinos de crianza son vinos que, en algunas Denominaciones de Origen, se les exige a los vinos tintos, 24 meses de envejecimiento, con un mínimo de seis meses en barrica. En otras regiones, el envejecimiento es de 12 meses. Por otro lado, Los vinos rosados y blancos, tienen un envejecimiento mínimo es de 6 meses en barrica. Se comercializan al segundo año después de elaborados. Es importante resaltar que los vinos blancos no necesitan mucho tiempo en madera, ya que por su estilo deben mantener su frescura y ligereza, que son cualidades que también los caracteriza.

Los vinos Reserva, tienen 36 meses de envejecimiento, de los cuales, 24 meses están en bodega y por lo menos deben haber pasado 12 meses en barrica. Estos vinos salen al mercado al cuarto año después de su elaboración. Los vinos blancos y rosados, permanecen en la bodega 18 meses, su paso por madera también es de 6 meses y se comercializan al tercer año de su producción.

Los vinos Gran Reserva, son muy especiales, porque pasan 5 años (60 meses) en bodega, con un mínimo de 24 meses en barrica de madera y posteriormente 36 meses en botella. Las mejores cosechas son las que llegan hasta esta categoría. Se comercializan al quinto o sexto año, después de haber pasado por todo este proceso. Los vinos blancos y rosados se mantienen en la bodega unos 4 años aproximadamente y 6 meses como mínimo en barricas de madera y al igual que los tintos, su comercialización es al quinto o sexto año, dependiendo de la bodega. Se debe tener en cuenta que un vino no siempre mejora con el paso de los años. Cada vino envejece y evoluciona de acuerdo a su conservación y a otros factores como: tipo de uva, elaboración y finalmente la crianza, tanto en barrica como en botella, ya que en ausencia del oxigeno los aromas primarios y secundarios, por un proceso de reducción, se transforman en terciarios, obteniendo lo que se denomina “bouquet” (mezcla de aromas que nos harán recordar el cuero, chocolate, humo, tabaco, vainilla, flores, especias, madera), aportándole de esta forma, complejidad y redondez a los vinos a medida que pasa el tiempo.

Los vinos orgánicos, ecológicos y biodinámicos

Hoy en día con el cambio que ha tenido el medio ambiente tan abrupto, las personas se están concientizando del cuidado y conservación de la naturaleza. Al mismo tiempo, las personas desean consumir productos orgánicos para mejorar su calidad de vida, sin conservantes, sin químicos.

¿Qué son los Vinos Orgánicos o ecológicos?, es una denominación que se les da a los vinos que en su proceso de elaboración y especialmente en el cultivo, se utilizan técnicas orgánicas, es decir que no es permitido el uso de pesticidas, herbicidas, fertilizantes y cualquier producto que contenga químicos tóxicos. Los fertilizantes son a partir de estiércol o compost, además el trabajo que se hace en el viñedo es totalmente manual.

El proceso de elaboración de estos vinos se realiza con levaduras “indígenas” o “nativas” sin ninguna modificación genética, sin adición de anhídrido sulfuroso. La clarificación al igual que los vinos tradicionales se realiza con bentonita y la filtración se realiza con tierras diatomeas (rocas calizas formadas por microfósiles de algas marinas). El resultado de los vinos ecológicos u orgánicos no tiene ninguna diferencia de los vinos tradicionales en cuanto a las características de color y matices, aromas y sabor.

Por otro lado, los vinos biodinámicos, están dentro de la categoría de los vinos ecológicos, pero no solo es aplicar la ciencia, sino que es una propuesta auto sostenible, es un estilo de pensamiento de armonía entre la tierra, el clima y el hombre, es decir que lo que a la tierra le pertenece se le es devuelto de la mejor manera posible, es así como se realizan preparados a partir de vegetales y minerales para la fertilización o para el abono se utilizan algunas flores como la manzanilla, el diente de león, cola de caballo y corteza de roble dentro de un cuerno de vaca que se entierra en el otoño y se desentierra en la primavera.

Existe un calendario astronómico que se rige por las fases de la luna en donde se trabaja un día para una parte especifica de la planta como: día fruto, día raíz, día flor, día hoja, para cada estación del año.

La producción de los vinos ecológicos y biodinámicos es muy compleja, ya que se deben regir a las normas que su categoría exige a nivel internacional y además el trabajo es mucho más riguroso que los vinos tradicionales. Un vino de esta categoría siempre en su contra etiqueta especificará la denominación de “vinos ecológicos” o “agricultura ecológica”. Cada estilo de vino tiene sus características propias, es por eso que la propuesta de los vinos orgánicos, ecológicos y biodinámicos puede ser otra conexión del ser humano con el cielo y en especial con la tierra en la que vive. De la tierra al paladar, estimulando los sentidos y contribuyendo a la conservación de nuestro medioambiente.

Los vinos generosos, fortificados, Licorosos o Encabezados

Los vinos encabezados, son aquellos vinos que en su proceso de elaboración, se les añade alcohol vínico (proveniente de la uva) a partir de de 11º hasta 15º de alcohol, cortando así el proceso de fermentación, es decir, cuando las levaduras están transformando el azúcar en alcohol, se corta ese proceso para que no alcancen a transformar todo el azúcar y quede un alto porcentaje de azúcar residual, por esta razón tienen una tendencia dulce y una graduación alcohólica de 17º hasta 25º de alcohol.

La crianza de estos vinos es muy peculiar e imprescindible para que los aromas y sabores sean únicos.

¿Cómo nacen los vinos generosos?, la historia comienza desde los fenicios, fundadores de “Gádir” (Cádiz – España), que se establecieron especialmente en el Puerto de Santa María. Recordemos que los fenicios eran grandes navegantes y comerciantes y los puertos en el litoral de la península Ibérica, fueron esenciales para la expansión del comercio. Posteriormente llega la romanización donde esta región comienza a ser gran exportadora de aceites de oliva y por supuesto, de vinos. La islamización, a pesar que en los califatos no se consumían bebidas alcohólicas, no limitó la elaboración de vinos porque se tenía la excusa de obtener pasas de uva y vinos para uso medicinal.

Adelantándonos un poco más en la historia, en los siglos XVI y XVII, los navegantes le comenzaron a añadir alcohol vínico a los vinos para que pudieran resistir las largas travesías marítimas, fue así como comenzaron a hacerse famosos.

Esta técnica se fue popularizado y para el siglo VXIII, los ingleses fueron los que impulsaron el comercio de los vinos fortificados que se elaboraban por todo el litoral de la península Ibérica y mediterráneo.

Dentro de la diversidad de los vinos generosos podemos encontrar: el Jerez (España), Oporto (Portugal), Madeira (Portugal), Banyuls (Francia), Marsala (Italia). Cada uno de estos vinos tiene características grandiosas por el “terroir” (terruño), la técnica de elaboración y crianza que podemos apreciar al momento de consumirlos.

La temperatura de servicio es de 8º a 10ºC. Se pueden maridar bien con postres y pueden ser muy buenos como aperitivos. Emprenderemos nuevamente otro viaje en el fascinante mundo de los vinos, donde nos encontraremos historias de mares, puertos y de grandes navegantes, donde el eco del pasado retorna al dulce y generoso presente hecho vino.

Los Vinos Cosecha Tardía: Para endulzar el alma y el paladar

Los vinos cosecha tardía o Late Harvest, como su nombre lo indica, tienen la característica de una extra-maduración en el viñedo, es decir, después de la vendimia (cosecha) de los racimos de uva, éstos se dejan en el viñedo por un tiempo mucho más prolongado de lo habitual para que los granos se empiecen a deshidratar y se pueda tener una mayor concentración de azúcar. Al momento de fermentar, es tanto el contenido de azúcar, que las levaduras no logran transformar completamente el azúcar en alcohol, entonces queda un contenido de azúcar residual.

Por lo mencionado anteriormente, estos vinos tienen una graduación alcohólica menor a los vinos que usualmente conocemos. Su tendencia es dulce, sin llegar a ser empalagosos y su potencial de guarda es considerablemente alto, además su aspecto es más denso y su color es más dorado que los vinos blancos normales.

Las cepas que se utilizan frecuentemente para elaborar la cosecha tardía son blancas como: Chardonnay, Semillón, Riesling, Sauvignon Blanc, Gewürztraminer, Viognier o Torrontés.

Existen vinos que tienen un proceso muy parecido y a menudo se les suele confundir con la cosecha tardía, como: los vinos “Sauternes” de origen francés, que son botritizados. La botritis (botrytis cinérea), conocida también como la “podredumbre noble”, es un hongo que por exceso de humedad ataca los granos de uva secándolos y posteriormente con el sol estos granos se pasifican, entonces se concentra el azúcar y ocurre lo mismo que con los cosecha tardía.

Otros ejemplos que puedo dar son; el vino “Tokay” de origen húngaro que las uvas se pasifican y los “Icewines” (vinos de hielo) de origen Alemán y Austriaco, en donde las uvas se dejan sobre madurar en el viñedo y no se cosechan hasta que se origina la primer helada. Los granos de uva se congelan, la cascara se rompe perdiendo agua y concentrado el azúcar.

La delicadeza, dulzura e intensidad, hace que estos vinos sean ideales para acompañar postres y también con algunos quesos de sabores muy intensos y potentes, en especial el Roquefort o el queso azul.

La temperatura recomendada de servicio es de 7ºC a 11ºC. Invito a seguir explorando el encanto que nos ofrece cada estilo de vino, el cual nos estimulará todos nuestros sentidos al conocer su esencia más profunda. Es por eso que el estilo único de los cosecha tardía, nos endulzan el alma y el paladar.

Los vinos espumantes – Métodos Charmat (granvas o Chaussepied) y “Transfer”

El método Charmat, aparece a mediados del siglo XIX. En 1930 el Ingeniero francés Jean-Eugène Charmat pone a prueba este método, el cual con el paso del tiempo, ha sido perfeccionado por los italianos.

Hoy en día el método Charmat se utiliza para la elaboración de grandes cantidades de vinos espumantes a diferencia del método tradicional Champenoise que es un poco más limitado.

¿En qué consiste este método?, El vino se deposita en un tanque de acero inoxidable de gran capacidad (de 25.000 y 50.000 Litros), de manera hermética, donde se mantiene una temperatura controlada (20ºC) de 12 a 16 horas aproximadamente.

Posteriormente el vino se pasa a otro tanque donde se le añade azúcar y levaduras para hacer el proceso de fermentación que dura de 10 a 15 días. Se traslada el vino ya fermentado a otro tanque y se clarifica en frio. Para elaborar espumantes con este método solo se necesitan 21 días en total.

Cuando finaliza todo este proceso, el vino es filtrado, estabilizado y embotellado de forma isobárica (por presión) para evitar que se pierda el gas carbónico obtenido.

Después de embotellado, se empaca y sale al mercado. El precio de estos vinos suele ser más bajo que el método tradicional, aunque eso no significa que sean vinos de mala calidad, simplemente son diferentes.

Existe otro método de elaboración de vinos espumantes aparte del “champenoise” y el “Charmat”, es el método “Transfer”, que consiste en realizar la primera fermentación en botella y después la segunda fermentación se realiza en tanques de acero inoxidable.

Cabe resaltar que, estos tanques tienen la capacidad de almacenar el gas carbónico que es liberado de la fermentación donde después a presión el vino es embotellado.

¿Cómo se puede reconocer cada método al momento de comprar un espumante?, bueno, el corcho nos va a dar esa información ya que cada método tiene una figura que lo diferencia de los otros.

Una estrella es para el método “Champenoise”, una circunferencia, es para el método “Charmat”, un círculo para el método “Transfer” y un triángulo nos indicará que es un vino gasificado y claro está, la diferencia en los precios.

Los espumantes no solo se clasifican por el tipo de cepa que se utiliza; blanc de Blancs (uva blanca como el Chardonnay) o Blancs de noirs (Blanco de uvas tintas como el Pinot Noir y el Pinot Meunier) o por su método de elaboración, también se clasifican según su contenido de azúcar por litro: “Nature”: Hasta 3 gramos, “Brut Nature”: Hasta 7 gramos, “Extra Brut”: Hasta 11 gramos, “Demisec”: Entre 15 a 40 gramos, y “Dulce”: Mas de 40 gramos de azúcar por litro.

La temperatura del servicio del Champagne o los espumantes es de 5ºC a 8ºC, se recomienda que cuando se esté consumiendo, se mantenga la botella en una hielera con el fin de no perder la temperatura.

Sugiero experimentar lo que el mercado nos ofrece y así disfrutar de las bondades de estos vinos. Como dice el escritor Rubén Darío: “Se asoma a sus húmedas pupilas de estrella el alma del rubio cristal de la Champaña”.

Los vinos espumantes – (Champagne – Cava – Sekt – Sparkling wine)

Esa sensación burbujeante, magnifica, delicada y estilizada que los vinos espumantes nos ofrecen, no solo en los días de celebración, sino en todo momento que pretendamos tener esos sabores y gustos frescos, aromáticos y espumantes en una cena o simplemente para el deleite personal en un día de verano.

La historia nos cuenta que este tipo de vino es originario de la región del champagne, Francia y que ya existía desde tiempos de los romanos. Hasta que 1670 el monje benedictino Dom Pierre Perignon, después de estudiar tanto este tipo de vino, descubre que al guardar el champagne en un lugar muy frio y cavernoso en el invierno, el vino desprendía unas esplendorosas burbujas y quiso embotellarlo con ellas. Se dio cuenta también, que para hacer eso, había que hacer una segunda fermentación dentro de la botella, pero ¿Cómo podría cerrar las botellas para mantener las burbujas?

Un día se encontró con unos peregrinos españoles que cerraban sus cantimploras con corchos, así que su pregunta tuvo una respuesta. Además amarró estos corchos con cuerdas para que la presión se mantuviera en la botella. Comenzó a experimentar con diferentes porcentajes de mostos de uvas como Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier , de diferentes zonas, mejorando así la receta del champagne, ya que en esa época solo se elaboraba con Pinot noir.

En la vendimia, cuando hacia frio, los racimos que estaban al sol se les colocaba un paño húmedo para mantenerlos frescos evitando así posibles maceraciones que pudieran alterar el sabor del mosto (jugo de la uva) al momento de prensar la uva, lo cual se hacía delicadamente y se separaban estos jugos en cada prensada. Aun así con todos estos aportes al método Champenoise (método tradicional y artesanal) que ya existía y que Don Dom Perignon mejoró, habían muchas otras cosas por explorar y mejorar. Muchos le atribuyen la invención del champagne. Esta bebida se empezó a poner de moda en Francia en las esferas altas ya que su estilizado y sutil sabor era muy apetecido. Más adelante en 1805, La Viuda de Clicquot (Barbe Nicole Ponsardin), “La dama del Champagne”, le aportó la solución del problema de quitar los residuos, mediante unas mesas con agujeros (los pupitres de removido), para colocar las botellas en donde estos sedimentos se depositarían en el cuello para ser expulsado por el “degüello”, que consistía quitar el corcho para que los sedimentos salieran a presión y después a las botellas se les colocaba un nuevo corcho. Otro aporte importante, fue la solución a la graduación del porcentaje de azúcar para evitar que el gas carbónico hiciera estallar las botellas. Hoy en día se sigue la tradición del método Champenoise y disfrutando de este elixir burbujeante, que como dijo Dom Perignon cuando hizo su descubrimiento “¡Venid rápido! ¡Estoy probando las estrellas!”

Los vinos rosados

Cuando hablamos de vinos rosados, lo primero que se nos viene a la mente es una bebida ligera, fresca y suave como los vinos blancos. Le adiciono a ese pensamiento, una pequeña complejidad de un vino tinto por su proceso de producción y su tonalidad rosada, que va desde los más claros como los “Blush” (California), hasta un tono cereza brillante, pasando también por tonalidades salmón, naranjas y rosados propiamente dichos de acuerdo al tipo de cepa que se utilice y a las técnicas de elaboración. También existen vinos rosados espumantes.

Puede parecer un vino muy sencillo, pero en el fondo está lleno de sutilezas en sus aromas, sabor, color y esto lo hace un poco difícil de entender, sobre todo al realizar un buen maridaje (combinación de vino y comida).

El término “Rosé” proviene del francés “Roseè”, es un término genérico para el resto de los vinos de estas características. Existen tres métodos de elaboración para los vinos rosados: por contacto con los hollejos (piel de la uva), por sangrado (saignée) y por mezcla (uvas blancas y tintas).

Elaboración de rosados por contacto con los hollejos:

Consiste estrujar la uva (partirla) y obtener el mosto. Después ese mosto es llevado a un tanque de fermentación y se deja macerar (poner en contacto el mosto (jugo de uva) con los hollejos de las uvas tintas (piel de la uva) por un periodo corto (de 12-24 horas). Dependiendo del tiempo de maceración, más intenso será su aroma, sabor y color. Posteriormente se realiza un proceso de prensado y se descartan los hollejos para realizar la fermentación (a 18-20ºC). De este proceso se obtienen vinos rosados de buena estructura y cuerpo.

Elaboración de rosados por Sangrado:

Este método es el más tradicional para elaborar vinos rosados. Son un subproducto de la fermentación de un vino tinto, es decir, se extrae el mosto (jugo de uva) de los depósitos en los que se reciben las uvas tintas antes que inicie la fermentación. El mosto se fermenta sin el contacto de los hollejos (piel y semillas). La tonalidad rosada será aún más intensa de acuerdo a la prolongación del tiempo de espera antes de realizar el sangrado (8-18 horas aprox.). El proceso de fermentación es en frio (como los vinos blancos), se realiza con una temperatura controlada, que no supere 15ºC y los aromas afrutados característicos del vino se mantengan. También son cocidos como “vinos de una noche”.

Elaboración de rosados por  mezcla:

Es un método poco común y aconsejable enológicamente. Este método consiste en el uso de uvas tintas y blancas, realizando la fermentación con los hollejos de las uvas tintas (piel de la uva y semillas) por un tiempo poco prolongado para dar la tonalidad rosada necesaria. Esta práctica se utiliza para los vinos denominados “clarets” (claros) procedentes Burdeos, Francia y algunas regiones de España. Algunas veces los confunden con los vinos rosados.

Finalmente, los vinos rosados son un mundo interesante que pocos han explorado y que hoy en día tenemos la oportunidad de encontrar una amplia variedad en el mercado para empezar a conocer, disfrutar e incorporar en nuestro día a día como otra estupenda propuesta para llevar a casa. – Temperatura de servicio de 5-7ºC. Vinos rosados con más cuerpo 9-10ºC

Copa de Vino Tinto

Los vinos tintos

En la elaboración de los vinos tintos, se seleccionan las uvas mediante el proceso de despalillado (se les quita el raspón y las hojas). Es importante hacer este proceso, ya que al macerar, es decir, dejar en contacto la piel y las semillas para que aporten color, si el mosto (jugo de la uva) tiene contacto con algún raspón u hoja, le aportarían estos, un sabor herbáceo y desagradable al vino, afectaría también la acidez y posteriormente disminuiría su graduación alcohólica.

Posteriormente, viene el estrujado (prensado de la uva, teniendo cuidado de no romper las semillas al obtener el jugo). A la pasta obtenida se le agrega anhídrido sulfuroso para hacer selección de levaduras e inmediatamente después de este proceso comienza la primera fermentación, llamada primaria o tumultuosa. Las levaduras transforman los azucares en alcohol y anhídrido carbónico, el cual también ayuda a disolver la materia colorante de los hollejos (piel de la uva). El gas carbónico desprendido impulsa los hollejos hacia la superficie, en donde forma una barrera llamada “sombrero”. En seguida, se hace un remontaje, que consiste en remover por medio de un bombeo la capa de hollejos y liquido de modo que estos desprendan el color y se oxigenen. También el hollejo debe removerse periódicamente, esta operación se llama “Bazuqueo”.

Una vez finalizada la maceración, se hace el “descube”, es decir se traslada el líquido a otro depósito donde finaliza la fermentación. Se separan los hollejos y el resto de sólidos del líquido. A este liquido se le denomina “vino flor”. Por otro lado, los residuos que quedan (orujos) son llevados a una prensa para extraerles el color y el resto de sus propiedades. Este tipo de vinos se denominan “vinos prensa” y son de menor calidad.

Después de hacer esta operación, se continúa con la segunda fermentación (malo-láctica) o desacidificación bioquímica. En esta fermentación el acido málico (agresivo), se transforma en láctico (suave) por medio de bacterias.

Al concluir la segunda fermentación, baja la temperatura y el vino queda en reposo. Todas las partículas en suspensión formadas por células de levaduras, fragmentos de hollejos, materias colorantes insolubles, etc., van al fondo del tanque. A estas partículas se les llama “borras” o “heces”, las cuales deben ser eliminadas de manera periódica mediante el “desborre” o “trasiego “para evitar contaminaciones.

Una vez cumplidos todos los procesos anteriores, los vinos serán seleccionados por calidades, como también el destino que irán a tener: Vinos Jóvenes, de Crianza, de Reserva y de Gran Reserva.

Dentro de las cepas tintas podemos encontrar diversas variedades como: el Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Syrah, Malbec, Merlot,Carmenere, Sangiovese, Tempranillo, Bonarda, Garnacha, entre muchas otras.

Los vinos tintos tienen su magia; nos evocan el pasado, nos dan su gracia en el presente y nos hacen soñar sobre el placer del futuro.

Vino Blanco

Los vinos blancos

Los vinos blancos los podemos percibir como delicados, estilizados, ideales para un día caluroso o una comida ligera. En realidad son muy diversos. A parte de las emociones de tranquilidad, plenitud y confort, Podemos encontrar en el mercado vinos secos, semisecos, dulces, aromáticos o con aromas más tenues, licorosos, tranquilos o espumosos, frescos, afrutados, maderizados, envejecidos en barricas de madera, etc. Estas características tan variadas de gustos, se debe a las distintas técnicas de vinificación de acuerdo a las regiones donde se elabore el vino.

Para explicar de una forma más sencilla comenzaré por la cosecha o vendimia, que se hace de forma rápida y cuidadosa. Se llevan las uvas a la bodega, en donde se hace un proceso de despalillado, es decir, se separan los granos de uva de las partes leñosas (raspones y hojas). Posteriormente pasan por una prensa en donde de manera delicada se obtiene el jugo (mosto) de la uva, Este proceso se llama molienda. Los hollejos (piel y semillas de la uva) se separan del jugo para que no aporten color como en los vinos tintos.

Después el mosto obtenido pasa a un tanque de acero inoxidable con serpentinas de agua fría, para comenzar la fermentación. La temperatura de los vinos blancos es controlada, ya que se fermentan a temperaturas bajas entre 16ºC a 22ºC aproximadamente. El tiempo de fermentación depende del enólogo y la característica que desea darle al vino.

El vino va tornando amarillo, turbio, con muchas partículas en suspensión como restos vegetales y levaduras (Encubado). Se procede entonces a la sedimentación o desborre, que consiste en precipitar los residuos al fondo del tanque y extraerlos. Una vez extraídos los sedimentos, se le puede añadir levaduras para una segunda fermentación (malo-láctica) o simplemente el vino pasa por una clarificación y filtrado.

Existen vinos, los cuales no tienen filtración. Su proceso de sedimentación es mucho más complejo y prolongado. El resultado es que pueden ser vinos muy intensos, aunque también se corre el riesgo que no tengan mucha diferencia con los finos que se filtran. Después de la filtración, el vino se embotella, ya que generalmente los vinos blancos suelen ser jóvenes y frescos, aunque hay otros que se añejan en barricas de roble de primer uso (nuevas) las cuales aportan aromas y sabores como vainilla y caramelo. Claro está, que el exceso de madera puede opacar lo fresco y frutal de los vinos.

Los vinos blancos son muy sensibles, por eso es recomendable consumirlos en un tiempo no muy prolongado ya que son más susceptibles al paso del tiempo, tienden a oxidarse más rápido que un vino tinto y su curva de vida de acuerdo a su conservación va desde los 2 años hasta los 5 años.

Algunas Cepas Blancas: Chardonnay, Chenin Blanc, Pedro Ximénez, Riesling, Sauvignon Blanc, Semillón, Torrontés, Ugni Blanc, Viognier, Gewurztraminer, Viura, etc. Recomendación de temperatura de servicio: entre 8ºC a 10ºC. Para concluir; Hay mucho por descubrir en los vinos blancos, un sin número de emociones, aromas y sabores que nos pueden transportar a un recuerdo maravilloso en tan solo un instante.